De esta palabra, surgieron otras palabras como corazón y coraje.
Dicen que los mejores discursos surgen cuando comenzamos a recordar lo que hemos vivido y hablamos con el corazón. Lamento decepcionarlos el día de hoy, pero este discurso no surgió de la mirada hacia el pasado, sino de una necesidad profunda de escribirle al futuro, quizá de gritarle al corazón que crea… que vea… que sienta de una vez por todas que creer vale la pena, aunque no veamos nada. Escribí este texto el 27 de octubre de 2014, en un momento de mi vida, donde creer, era una decisión diaria, podría haberlo escrito, el 26, el 25, el 24 …o incluso el 23… y habría tenido exactamente lo mismo que decir. Así que, así sigue esto:
Hoy, pretendo escribir un grito de esperanza, un manifiesto de fe, de creer, de anhelar ver, de soñar, de sentir una vez más mi corazón vivo, latiendo por el imposible, sintiendo que vale la pena, una y otra vez, recordarle al corazón que la fe, el amor y la paz, siguen a un corazón determinado, decidido y constante…
Hoy, tengo un sueño, como lo tuvo un hombre importante del pasado. El anheló ver a una generación libre, a un pueblo liberado, a una nación en paz… sus ojos no lo vieron, pero lo consiguió, cada uno de los días de su vida, luchó por ello. La historia de este hombre es simple, quizá como la de pocos libertadores…
Un día en su casa, luego de una reunión política donde lo invitaron a hacer parte de una de las revoluciones más importantes de la historia, tenía que tomar una decisión. Solo en el living de su casa, miró hacia la habitación y vio a sus pequeños hijos y sintió el peso de la responsabilidad por la vida de los que amaba… en ese momento de angustia le preguntó a Dios si él estaba en esto… si acaso, iniciar un movimiento de liberación era parte también de su sueño… y como retrata la historia, esa noche la vida del libertador cambió para siempre, el lo recordó de esta forma: “ese día me encontré con Dios… y él sólo me dijo que no tuviera miedo, porque él estaría conmigo… que él me daría la tierra prometida…” Esa noche tomó una decisión que afecto a una nación completa, que cambió el rumbo de miles y millones de esclavos en el mundo… esa noche, la historia de hombre, iba a cambiar el mundo… Martin Luther King, fue un ser humano como cualquiera, tenía virtudes y defectos, tenía sueños y frustraciones, tenía anhelos y desesperanzas.
Durante todo el proceso que llevó la avanzada hacia la posibilidad de votar para los negros, fueron atacados muchas veces y estuvieron a punto de morir otras miles de veces más… los persiguieron, vieron morir a sus amigos, hermanos, familiares durante la lucha, pero este hombre se mantuvo con la esperanza de la visión que hacia años atrás había recibido en el living de su casa.
Sus compañeros políticos que en esa época le acompañaban dijeron esto: “Muchas veces lo vimos pensativo luego de dar sus grandes discursos frente a las multitudes… y una vez le preguntamos si tenía ganas de dejarlo todo hasta allí, porque el precio que estábamos pagando era muy caro, estábamos bañando de sangre nuestra tierra… nosotros mismos… y él respondió, No, nosotros tenemos un sueño, nosotros tenemos una esperanza… y esa noche en mi casa él me dijo que estaría conmigo para siempre… que no tenía que tener miedo, que veríamos la tierra prometida… así que continuaremos hasta el final…”
Cada vez que dudó, recordó la promesa, cada vez que temió, recordó sus palabras… y cada vez que quiso retroceder, se grito así mismo que Dios estaba con él.
Dios no volvió a recordarle su promesa, a confirmarla con ningún profeta de ese tiempo, ni a darle un pan de la suerte para recordarle lo que le había dicho. Esa noche, Dios escribió su promesa en el corazón de ese hombre con tinta de fuego… no se olvidó nunca más…
La noche antes de su muerte, había dado un discurso frente a las multitudes una vez más y reunió a su grupo cercano y les dijo este será mi último discurso. Decía algo así:
“Estoy en la cima de la montaña y puedo ver la tierra prometida, puedo ver que todo lo que Dios nos prometió es real. Puede que yo no llegué a ese lugar, pero sé con certeza, que ustedes llegarán… veo la tierra prometida y su promesa fue real… estaremos mañana en la tierra donde fluye leche y miel…”
Se bajó del estrado y se desvaneció en la silla, sus contemporáneos que lo acompañaron dicen que no hablaba como él mismo, sino que parecía que profetizaba… anunciaba lo que había de venir…”
Esa noche, le dispararon y Martin Luther King murió. Él no entró, pero miles de hombres y mujeres esclavos negros sí lo hicieron… lograron llegar a la tierra prometida….
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